Hay momentos que se hacen un poco más cuesta arriba de lo normal. Es difícil tratar de ser fuerte durante 24 horas. Llegas a casa y ahí estás, sola. Sola con tus pensamientos. Si por lo menos echasen algo bueno en la tele...pero no...y tu mente te absorbe, te lleva a esos recuerdos imposibles de borrar. Te trae esa sonrisa, esa mirada y justo en ese momento...te cagas en tu mente por volver a traer ese sentimiento a tu estómago. Esas mariposas, esas ganas de un abrazo que nadie te puede dar. Dios, si tuvieses aunque sea ese peluche blandito...y de repente una pregunta sale de dentro, como si estuviese preparada desde hace tiempo, aguardando al momento justo para hacer más daño: "¿hace cuánto que no tocas a nadie?". Ni siquiera un roce...y lo peor es que no sabes a ciencia cierta cual es la respuesta. Y te vuelves a cagar en tus pensamientos. Y mientras, ese ser dentro de ti, sonríe malignamente porque sabe perfectamente que ha dado donde duele. Sabe que el tiempo que estuvo callado, ha merecido la pena para saltar el bombazo justo ahora. Y se va, sonriendo, a preparar la siguiente y a aguardar, de nuevo, ese momento exacto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario