Cuando estoy contigo, soy capaz
de sentir con los 5 sentidos. Uno detrás de otro. Todos a la vez. Y mucho más
afinados de los normal.
Primero entra en juego la vista. Te veo de lejos (a pesar de mi
miopía) y el corazón empieza a latir fuerte. Las mariposas comienzan a
despertarse dentro del estómago e inevitablemente, me sale una sonrisa que soy
incapaz de quitar. Puedo ver como sonríes sin necesidad de mirarte la boca,
solo con tus ojos.
A continuación entra en juego el oído. Desde lejos me dices “¡Hola!”. Un
“hola” rápido. Único. Un hola de los tuyos. Ya no soy capaz de aguantarte la
mirada. Mi vista deja paso al oído. Y está ansioso por escuchar todo lo que
tienes que decirme.
Pero el olfato entra en escena rápidamente. Estás tan cerca que puedo
olerte. Las mariposas se hacen más que notar. El olfato me empuja hacia ti para
poder olerte mejor. Mis piernas comienzan a moverse. Mis brazos empiezan a
subir para poder abrazarte. Estás tan cerca que puedo casi rozarte.
Y justo aparece el tacto. Que da ese último empujón para
poder rozarnos. Te agarro por la cintura. El corazón ya no late fuerte. Al
contrario. Se ha parado por completo. Ni siquiera respiro. Puedo olerte. Puedo
oírte. Puedo verte. Puedo tocarte. 4 sentidos a la vez. Mi cuerpo parece una
feria. Estoy feliz de tenerte tan cerca. Pero hay algo dentro de mí que quiere
hacer aparición. El gusto hace fuerza. Se quiere unir a la fiesta.
Me hago la fuerte, como una madre
educando a sus hijos. Una madre que no quiere darles todos los caprichos a sus
hijos para no malcriarlo pero que le encanta ver la cara de alegría de su hijo
cuando recibe eso que tanto quiere. Y sí, el gusto me echa una mirada de niño
bueno y al final cedo: gusto se ha
unido a la fiesta. Hace que nos acerquemos más aún. Y por fin nos besamos. Te
saboreo. Me da igual todo lo que pase alrededor. Soy incapaz de percibir nada
que no seamos nosotros dos. Porque los 5 sentidos los tengo fijos en ti. En nosotros.
En ese beso. El tiempo se para. Las mariposas revolotean tanto que no caben en
el estómago.
Y los sentidos, hacen paso a los
sentimientos. Pero esa ya es otra historia…
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