viernes, 30 de diciembre de 2016

Carreteras


Ese miedo a hacernos daño es más fuerte que el querernos. Ese miedo a saber si el otro está bien, nos impide hacer lo que realmente queremos. Anteponemos el bienestar del otro antes que el nuestro. Nos gustaría que todo fuese como antes, que todo fuese color de rosa. Aunque los dos sabemos que no es así. Que todo ha cambiado y que nuestra relación tiene fecha de caducidad. Peor aún, esa fecha ya ha pasado. Lo único que hacemos es intoxicarnos día tras día mientras fingimos que nuestra salud es de hierro. Aparentamos normalidad. Pero nada es normal. Desde hace tiempo nada lo es. Poco a poco se han ido rompiendo los lazos que nos unían. Nos hemos ido separando, íbamos por caminos diferentes, pero ni siquiera lo sabíamos. Estaban uno al lado del otro, como si de los dos carriles de la autovía se tratase. Pero llegados a un punto, éstos se bifurcaban. Se convertían en dos autovías independientes con distinta dirección y cada vez se alejaban más. Nos dimos cuenta tarde, cuando ya no había cambio de sentido. Lo que no sabemos es si más adelante volverán a encontrarse. Quizá cuando se encuentren ante un puerto de montaña y tengan que bordearlo por el mismo sitio, aunque tú eres más de túneles… Pero de momento todo el paisaje es llano y la carretera demasiado recta. Por aquí el tiempo es “huevo frito” como a ti te gusta llamarlo. Espero que por el tuyo también, que no haya nubarrones por el camino y que el final sea un sol radiante. Y que, si quieres, me invites a visitarte a tu destino. Yo no tengo ni que invitarte, tú sabes que esta ha sido tu casa, lo es y lo seguirá siendo.

No hay comentarios: